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Esta es una historia de tantas sobre el vino de Jerez, pero no es una historia al uso.

Esta historia habla de la tierra, de la viña y sus cuidados, pero también habla del esfuerzo y entrega de los viticultores del Marco de Jerez, guardianes de las tradiciones que se transmiten de generación en generación, de las labores y faenas del viñedo que determinan el carácter y la calidad de estos vinos únicos.

Es una historia sobre la relación del hombre con la tierra, pero también es la historia de la lucha diaria de los viticultores de la cooperativa de Las Angustias, de la pasión y la ilusión heredada de los fundadores que crearon, la cooperativa de Jerez en 1967, nacida para preservar el carácter social de la vid, el cultivo que los fenicios introdujeron en la provincia en el siglo VIII AC para extenderse luego por toda la Península. Pero de eso hace ya tres mil años…

El Marco de Jerez, la región vitivinícola más meridional de Europa, ocupa una superficie de unas 7.000 hectáreas de viñedo repartida por ocho municipios de la provincia. La mitad de estas viñas están en manos de viticultores asociados a alguna de las siete cooperativas del Marco, entre ellas la de Las Angustias, la mayor de todas con una superficie cultivada de unas 1.300 hectáreas y algo más de 200 socios.

Una historia de ilusión y lucha diaria originada en 1967.

Hoy conocida por el acrónimo COVIJEREZ, la cooperativa de Nuestra Señora de las Angustias se fundó en el año 1967 por un grupo de poco más de treinta viticultores que, cargados de ilusión y muchas ganas, decidieron asociarse para defender sus intereses comunes.

Los comienzos no fueron nada fáciles. Sabían mucho de viña y poco sobre la elaboración de vinos, pero había que hacer las dos cosas. Eran viticultores de día y bodegueros de noche; y pusieron el alma en ello para aprender cómo hacer los vinos que comercializaban.

A finales de la década de los sesenta, cuando empezaron, el sector del vino de Jerez entró en barrena por enésima vez. Se repitieron los mismos errores del pasado; las bodegas apostaron todo al volumen.

La consecuencia fue una caída en picado de las ventas y la superficie, después de rebasarse con creces las 20.000 hectáreas de viñedo, el triple de la superficie actual, y la falta de demanda se trasladó a la viña. Por aquel entonces, este grupo de productores se aventuró a asociarse para almacenar sus producciones y no tener que entregarlas a precios míseros o tirarlas por pudrición.

El ya fallecido Don Manuel Monje, que a la postre sería el primer presidente de la cooperativa, reunió a este grupo de unos setenta viticultores de la zona de Jerez, entre ellos Pepe Sierra, que también ocuparía la presidencia y que fue nombrado Presidente de Honor con motivo del cincuenta aniversario de la cooperativa en 2017.

Sierra relató los difíciles inicios de la sociedad, a la que finalmente se incorporaron solo la mitad de los interesados inicialmente por el esfuerzo económico que requería, en unos momentos especialmente delicados.

Tardaron dos años en construir la bodega, que con el paso del tiempo ha ido ampliando sus instalaciones en la antigua circunvalación jerezana, hoy plenamente integrada en la ciudad. Y una vez puesta en marcha, aquel grupo de visionarios que comenzó con la venta de sus vinos a las bodegas dio el salto de la venta a granel a la comercialización de sus marcas propias. La cooperativa mantiene la costumbre arraigada en la zona de la venta a granel a través de su despacho de vinos, en el que también están disponibles el Fino Sin Pecado, la primera marca comercial de la cooperativa, a la que luego siguió la gama ‘Romerito’ del Amontillado, el Oloroso, el Cream, el Médium y el Pedro Ximénez, además del Vinagre 1967. Para celebrar el 50 aniversario, la cooperativa puso en el mercado un Palo Cortado ROMERITO.

Con la mirada puesta en el futuro, preservando el origen.

Ahora el Marco de Jerez vuelve a mirar al origen, a la viña y al pago, que marcan la diferencia. Son las mismas viñas y pagos que cuentan la historia de la cooperativa de Las Angustias, de la entrega de estos más de 200 rostros anónimos de los vinos de Jerez que dan vida a esta historia milenaria que introdujeron los fenicios en la provincia. Pero de eso hace ya tres mil años…

Fotos realizadas por Jesús Salido.